Vueling, tú antes molabas.

Reconozco que Vueling es una mis compañías favoritas para volar, gente que trata de forma normal, aviones nuevos, posibilidad de cambio de billete sin coste, Calgary en el despegue y No Surprises en el aterrizaje. Para qué más.

Otra de las grandes cosas que tiene Vueling, y que a muchos les parecerá una soberana estupidez, es su revista. Es como despertarte un lunes de invierno y descubrir que aún te queda una hora más de sueño. A gusto. Ling, que así se llama la publicación, está maquetada por gente a la que le gusta el diseño, las tipografía, el contenido… y eso se nota. Se nota desde el primer momento que pasas esas hojas de papel mate y se nota cuando lees cualquier texto. Te garantizas una hora libre de turbulencias y de ese grupo de españoles que también puso su cerebro en modo vuelo. Off.

En su último número hay un reportaje sobre el nuevo posicionamiento de la compañía: Love the way you fly. Espera, love the way you fly?!?!?!. Empiezan las turbulencias. ¿Qué ha pasado con las nubecitas que decían cosas como Ahorring, Compring o Flying voy, volando vengo? En su lugar aparecen retratos de gente diciendo cosas como “Montse, a veces la reunión con el CEO puede ser interminable así que no te preocupes si necesitas cambiar el vuelo”. ¿¡Qué cojones ha pasado aquí?! 

En palabras de su director de marketing se trata de un paso de madurez en la compañía donde ya lo importante no son los precios ni la comparativa, sino las personas. Zzzz zzzz zzzzz. O en otras palabras, más de lo mismo. Quita el logo de Vueling de cualquiera de estas gráficas y dime que no podría estar firmada por cualquier otra compañía aérea, de trenes, transportes o logística.

Pues eso.