Cerebro en modo vuelo.

No hay nada como coger un par de aviones para darse cuenta de lo gilipollas que podemos llegar a ser. Sobre todo los españoles. Así va la cosa.

Llegas a facturar. Dieciocho maletas. Y otras tres de equipaje de mano. He visto superpetroleros con menos volumen de carga que lo que lleva usted señora.

Control de equipaje. Pita. El reloj. Pita. El cinturón. Pita. La cartera. Pita. El móvil. Pita … Facepalm. Tranqui, no hay prisa, aún faltan dos horas para el embarque. Dos horas cuidadosamente estudiadas para que te emociones en el duty free y gastes la mitad de tu presupuesto antes de empezar tus vacaciones.

Llega el embarque. Otra cola. No pasa nada, sigue sin haber prisa, dentro espera otra cola. ¿Cola? ¿Qué cola? Nada, apenas medio avión esperando a que termines de acomodarte en el salón de tu casa con forma de asiento 26C. Sí, listillo, pasillo, no ventanilla. Ese es mi sitio.

Creo que se llama empatía y parece que muchos la han debido de facturar antes de subir. Personajes que se creen que en vez de en un avión están entrando al salón de su puta casa. Me quito el abrigo, lo doblo y busco un sitio para ponerlo. Ahora la maleta de mano que resulta que no, que no es maleta de mano, que no entra ni en la bodega de un Boeing 747. Relax. Tenemos 16 horas de vuelo por delante.

Despegamos, se apagan las luces y de forma mágica a todo dios le entran ganas de ir al servicio. Es increíble la incontinencia urinaria que tenemos en cuanto cogemos altura. Tena Lady ahí lo dejo.

Pero la traca final llega en el aterrizaje. Los aplausos se mezclan con el sonido de cinturones que se desabrochan. La azafata, que ya se lo sabe, advierte de que nadie encienda sus móviles hasta que las señales lo indiquen. Ni puto caso. Todos deben de ser brokers en medio del cierre de una operación financiera megamillonaria. Cari que ya hemos llegado. No, no, aún en el avión.

Ah, pues va a ser que no.

Y todos arriba. Aún no es oficial pero se rumorea que levantarse a coger tu equipaje de mano será olímpico en Brasil 2016. La competición acaba pronto porque en cuestión de segundos ya tenemos otra cola en el pasillo del avión. Para entendernos, en vez de estar cómodamente en tu sitio, es permanecer de pie, apretujado, con doce maletas en la mano y el cuello como si vivieras en el ático de David el Gnomo.

Creo que lo hacen para presionar a la tripulación y que abran antes la puerta. Pena que no la abran en pleno vuelo.

 

    • 24/01/2014 a las 11:53

    Isus,

    Ideas para próximos posts:
    • Cuando llevas dos semanas en la conchinchina alejado del mundo y haces el mismo vuelo, pero de vuelta.
    • Cuando coincides con otros españoles que prueban todo lo del desayuno buffet porque es gratis.

    Ala.

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    • 24/01/2014 a las 19:48

    Mucho cachondeo pero seguro que tú también lo haces.

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